Lo hacemos lo mejor que sabemos y transmitimos lo que sentimos en cada momento.
Sonreimos, lloramos, nos echamos las manos a la cabeza, nos rendimos y al segundo nos arrepentimos de haberlo pensado...
Y es así, estamos en una batalla continua sin fin.
Pero sentarte en el suelo de una jaula y que sean decenas de perros la vitamina que te regenera, esas naricitas mojadas y esas suculentas lenguas que te restriegan dosis de agradecimiento sin control ni límites.
Rodearte de gatos que se te suben, te roban todo lo que llevas en las manos y deciden enredarse en tu pelo, mientras a ti lo único que se te ocurre, es sonreir.
Seguimos sonriendo porque nos quedan infinidad de vidas por salvar.
Mañana será otro maravilloso día para seguir cambiado vidas.

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